Testimonios: Diana en la Copa de Clubes

Si nos paramos a pensar porque hacemos algo, tal vez no tengamos una respuesta rápida en general. Sin embargo la gente que hace escalada o que le gusta, sabe que su vida no sería la misma si le quitaran eso, te diría que es como que le quitaras un miembro, una mano, una pierna. Pues realmente la escalada, la montaña, ese aire, sentir la naturaleza, esa adrenalina cada vez que empiezas una vía nueva, o que la abres; no te lo da otro deporte o actividad, tanto como cada pasito que avanzas en la roca con tus pies de gato.

A veces, en la vida, necesitas un remezón, para darte cuenta lo que amas algo. En mi caso, me tuvieron que operar de una mano de gravedad, para darme cuenta cuán importante en mi vida era escalar. Y luchar con todas mis fuerzas para salir adelante, y poder realizar de nuevo este deporte.

La escalada hace que tu mente está concentrada todo el tiempo; es una lucha interna con tus miedos, por vencerlos. Una lucha por superar y pasar cada pasito sin caerte, por lo que es un reto con la roca, con el avanzar y terminar esa vía; y sobre todo un reto consigo mismo por pasar esa línea de confort y atreverse a más.

La escalada hace que aprendas cada día, tanto en el deporte; como en la vida cotidiana, ese esfuerzo y superación que te da el deporte, hace que te conviertas en una persona más fuerte, y te ayuda a superar los pequeños problemas que se presentan en tu vida diaria, y a enfrentarlos de manera más abierta para superarlos.

Es un deporte de lucha y superación que se ve reflejado, en cada Boulder que prácticas. No importa que te caigas varias veces, cuando logras encadenarlo, a la tercera o cuarta vez. Esa alegría que sientes, esa satisfacción es indescriptible. Y eso mismo te da fuerza en otras áreas de la vida, porque va cambiando tu manera de enfrentar los problemas, y te da seguridad en que puedes lograr lo que te propongas. Aunque no sea al primer, ni segundo intento. Es un deporte que te ayuda en la concentración, en la memoria, en pensar cada paso a seguir, y esto realmente en una enseñanza para cada paso en la vida.

Mi mano no está bien del todo, ni lo estará, pero funciona, y puedo escalar, que es mucho. Y mi hijo David también aprende y desarrolla este deporte y creo que le servirá para crecer y ser mejor persona. El club Penumbras es quien nos acoge y desarrolla, como ejemplo de club luchador, ante la adversidad también, y las pocas condiciones de que consta. ¡! Feliz de estar ahí¡¡